Era mayo del 2008 y en mi cole se celebraban las fiestas del colegio, por aquel entonces se hacía una especie de obra de teatro algo abstracta que consistía en una escenografía que evocaba paz y cada uno escribía frases acordes con el tema que se representaba; ese año tocaba el "silencio". Nadie leía sus propios textos si no que eran anónimos y te asignaban uno de manera aleatoria. Tampoco estaba muy orgullosa del que había escrito para firmarlo, podría decir que hablaba de todo el silencio que llevamos dentro y qué en verdad nos apetece gritarlo. El contexto era bastante bueno, lo que plasme en el papel bastante ramplón. Lo que me tocaba aprenderme era algo de pintar una jaula para meter dentro a un ángel y cuidar sus alas y luego soltarlo bla, bla... diría que de naturaleza similar a mis palabras. Pero una compañera (la más pibón por cierto) leía una frase super corta y, para mí y mi amiga más cercana por aquel entonces, era una explosión de sentimientos ya que la intensidad fue uno de los sustantivos y no adjetivos que más nos definía. "Recuerdo tu silencio como el sonido más intenso que nunca me unió a nadie más"
Me acabo de reír. Un poco solo. La frase no está nada mal, pero sencilla y previsible. Pero claro, que te cuenten eso con 15 años y estando pillada por un chavalillo de tu barrio... Explotan hormonas, confeti, mariposas y dragones.
Era Mayo, de mis meses favoritos. Viernes, el día favorito hasta que decides estudiar una carrera sanitaria. He olvidado el olor a ese día desde que trabajo y cualquier viernes se convierte en lunes, sábado o miércoles. Pero hoy he ido a Zara Home (publi gratis) y me he comprado un ambientador con olor a esos días, quizá por eso me acorde de escribir en este blog. Y ahora estoy evocándome a mí "yo" de adolescente, en mi mes favorito, en el día favorito, en las fiestas de su colegio y que hacía poco que le había hablado el chico que le gustaba. Imaginaros. Dormir era secundario, pues priorizaba pensar en las situaciones que podían ocurrir alrededor de todo lo que me sucedía. Ayer leyendo a Proust escribía "imaginar qué en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado". Y me acordé de mí Carkys ebullicionando en lo que ahora soy. Tal vez por eso este escribiendo.
Volviendo a ese viernes, en el que G y yo fuimos a ensayar la obra, experimentamos el silencio, salimos dando voces, nos vestimos casi iguales (blusa amarilla, pitillos, chaqueta punto negra y francesitas negras) y nos dirigimos a quedar con nuestros respectivos crushes ya que teníamos la suerte de que eran amigos y nos parecía un planazo idóneo ir a echar "un duro" los 4. Yo me olía algo, todo iba demasiado bien y, lo que me ha quedado claro desde que soy bien pequeña es que nunca me ocurren demasiadas cosas buenas en el mismo período de tiempo, es como si de repente la vida me frenara en seco para calmar mi mente que va a mil por hora. Para que deje de soñar y duerma mejor. La vida no son las pelis de amor ni las novelas antiguas que devoraba. Lo bueno de ser consciente de todo esto es que cuando te llevas un desengaño una y otra vez.. ya no duele. Lo normalizas en tu cabeza. Como cuando coges ortigas por primera vez y te queman, la segunda vas con cuidado. Pero yo nunca dejo de arrancarlas para hacer infusiones por qué sé que son muy sanas y tienen poderes mágicos.
Y con toda esa parrafada el desenlace es que no llegaron, a las 18h en la puerta del descanso... y allí no había nadie. Cierto es que llegamos media hora antes, así que nadie nos quito esa media hora de charla y nervios previos fantaseando sobre lo que podía ocurrir ese día y a posteriori. Cuando supimos que no iban a venir fue justo 5 minutos después de que se marcara la hora de llegada ya que vino un chico de nuestro colegio a preguntarnos que tal y no se como me dio por soltar un comentario sutil sobre si sabía algo de esos dos niños que se habían cansado de nosotras antes de llegar, nos respondió que los había visto hacía poco que iban en coche a no se dónde... y ahí nos rompimos. Yo no mucho, caigo en cliché cuando os vuelvo a contar que algo sospechaba. Pero mi amiga leía más novelas románticas y su película favorita sigue siendo el Diario de Noah, así que podéis sentir el dolor. Por suerte otros chavales del cole - como bien os conte eran las fiestas, pocos exámenes, y la calle del Rosal estaba cerca así que andábamos muchos sueltos por ahí - nos invitaron a ir a tomar algo con ellos y viéndola tan mal decidí que lo correcto era ir y así fue. La acompañe a casa y nos dio por cantar pereza a toda voz. Superado. Siempre son las chicas las que nos salvamos entre nosotras.
El título de este post tiene sentido y es qué en torno a las 20h (faltándonos poco para llegar a casa) nos llego un sms de uno de los chicos anti citas - puede ser que por esta historia yo también las deteste - contándonos que estaban de botellón en casa de un tal Adri y que si queríamos ir. Al parecer era mentira. Pero bueno, cierto es que no nos dejaron tiradas sin dar señales. Aún no soy víctima de ghosting y eso que viví una época en la que era mucho más fácil aplicarlo que hoy en día.
¿Sabéis lo mejor? Que al final al viernes siguiente sí vinieron pero ya habíamos ganado. Si me acuerdo otro día lo cuento.
xx i.
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