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2018








Quiero dedicarle varias entradas a este año. Desde pequeña he marcado varios en el calendario como los mejores de mi vida, a día de hoy sigo pesando que son los mismos: 2007, 2008, 2011 y 2018.

Hablaré de todos cuando me venga la inspiración y los recuerdos. Pero estos dos días han sido algo tristes y me evocaron mucho a lo feliz que fui en el 18. Curioso como actúa mi cerebro (o tal vez el de todxs) cuando nos sucede algo negativo.

Tenía 24 años y toda la vida por delante para ser quien quería ser, puesto que mi mente solo fijaba metas antes de llegar a los 30,  los cuales acechan en cada esquina de mi calle. En aquel entonces había empezado a trabajar, pero la bolsa de empleo de mi ciudad solo te daba la opción de hacerlo en verano y navidad. Ahora mismo me estoy situando en Enero, recién acabado mi contrato cubriendo festivos y con toooodo el tiempo del mundo para hacer más bien nada. Me había apuntado al gimnasio con mis amigas pero se les ocurrio la idea de ir por la mañana bien temprano, por lo que las tardes eran eternas y me hacían sentir muy inútil.  

Tras un mes mood "nini" me apunte a un par de cursos del colegio de enfermería que me ocupaban gran parte del día y comencé a mandar ofertas a residencias, ya que en lo público estaba a años luz de que me llegará un buen contrato. Así que un viernes (ansiados viernes) me llamo un número desconocido y al cogerlo me ofrecían una entrevista de trabajo en un geriátrico. Al principio dude bastante puesto que como bien sabéis, viviendo en casa con tus padres te apañas con cuatro duros para tener una vida más menos "decente" pero me podía el remordimiento de la vagueza, por lo que acepte a ir. 
El lunes tuve la entrevista a la que me acompaño mi madre (siempre conmigo en todo momento) , aposta me puse un vestido que me había regalado mi ex el capullo y que de alguna manera u otra pretendía que me diera la suerte insuficiente para que no me aceptaran en el empleo. Vivía demasiado bien yendo a las 9 al gimnasio para posteriormente estudiar algo de tarde (por sentirme mujer de provecho) y ver pasión de gavilanes en Netflix. 

Pero, todo se torno en mi contra o, más bien, a mi favor. Al día siguiente tuve otra entrevista y el viernes de esa semana ya estaba vistiendo mi uniforme azul yendo a aprender con la enfermera qué dejaba el puesto que a posteriori sería mío. Todo el rato mencionaba el nombre del que sería mi futuro compañero, pero siempre me mandaba salir antes de que él llegara. Su nombre nunca iba ligado a nada bueno; "es un desastre", "no está preparado para trabajar", "te va a dejar mil chanchullos". Yo no pensaba en ello pues venía de trabajar en plantas muy duras y aquello me parecía bastante sencillo en comparación con mi experiencia previa. Lo que sí es cierto que cada vez que me hablaba de él más se incrementaban mis ganas de conocerle. El día estaba a punto de llegar. Pues cuando la enfermera que sustituí se fue no me quedo otra que esperar a que llegase él para darle el cambio de turno. Y ahí estaba, un lunes cualquiera.. se abrió la puerta de la enfermería y ambos quedamos eclipsados, pues sabíamos el uno del otro pero nunca nos habíamos puesto una cara real. Y tras cinco segundos de mirada fija sin casi pestañeo nos presentamos. Encantado yo soy Mario. Mario, Mario, Mario, Mario, Mario.... ese nombre resuena en mi cabeza. Mario.....

Cuando me fui por la puerta mandé un WhatsApp a mi amiga Clau en el que le puse "tengo un compañero hiper gay".

No se cuando empezaron las conversaciones con Mario, no se como conseguimos pasar de hablar de las necesidades de los pacientes a las tragedias que nos acecharon en nuestra adolescencia, que a día de hoy nos hicieron ser como somos, a las teorías que giraban en torno al cinturón de Orión, a darle sentido a todo lo extraño que pasaba en el cielo...de sí había vida en el más allá, cuando más allá no me interesaba si había algo o alguien, sólo quería gustarle. No sé cuando comencé a pensar que tal vez podía sentir algo por mí y dejar de ver que su orientación sexual no era la contraria a la mía. 

"Hay que mirar más el cielo Car, la gente se pierde mucho no haciéndolo" solía decirme para luego contarme una de las miles de historias que tenía relacionadas con astros, estrellas fugaces y ovnis. 

Fue el de 13 de julio de 2018 cuando sucedió. Llevábamos una semana tonteando, y comenzamos bromear con una apuesta que consistía en beberse una medicación a la que nos referíamos como "aborto de zanahoria", pues el sobre al diluirlo en agua formaba una pasta anaranjada que evocaba lo anterior. "Si no la bebes entera el lunes haces tu la cura de J"; ese era el precio que había que pagar. Llego ese día - como no, viernes - y comenzamos a diluir el plantaben (nombre de dicho medicamento) y ver cómo comenzaba a engordar poco a poco tras volcarlo en un vaso de agua... cuando se fueron juntando las caras y sucedió, nuestro primer beso presenciado por una medicación para el transito (que en ese momento no necesitaba en absoluto) Pues no sentí mariposas si no dragones de Komodo, t-rex, tiburones blancos y cualquier animal mitológico que siempre dibujan en los libros con enormes dimensiones. A partir de ese 13 comenzó todo. Curioso que sea el número que más detesto, debería haber percibido una señal.

Iba a dejar el texto a medias, pero al cerrarlo me he percatado que hoy es 13 y el gnomo que vive conmigo me obliga a continuar.

En nuestra primera cita decidimos ir a un sitio más menos alto para mirar las estrellas por la noche, yo estaba nerviosísima. Salimos del vehículo y nos pusimos a hacer lo que mejor se nos daba: hablar, hablar, hablar y más hablar... Quizá por eso ahora escriba, pues me falta el charlar con alguien y así parece que me están escuchando. Continuamos hablando durante horas cuando, de repente, miramos arriba y algo se movió en el cielo, bajo hacía abajo y volvió a subir rapidísimo. A día de hoy se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo eso, los dos comenzamos a flipar, inmediatamente nos pusimos de pie, nos miramos y casi a la vez gritamos "TE LO DIJE". Y no nos habíamos dicho nada, pero creíamos con certeza que algo nos iba a pasar por qué éramos especiales, o más bien espaciales. Sigo sin encontrar explicación lógica a ese fenómeno a pesar de la de veces que lo intente buscar en internet o en revistas de estás fantásticas. En ese momento tras mil deliberaciones concluímos que eran nuestros "yo" del futuro viéndonos y avisándonos de algo. Si la Carmen de ahora tiene el poder de avisar a la Carmen de hace 5 años le dejaría el mensaje mucho más claro, con letras de humo dibujadas en el cielo para que frenase. Y no fue nada malo como continuaron los acontecimientos, al revés. Los viernes se convirtió en nuestro día para hacer planes que solían ser ir por las noches a ver el firmamento, seguir hablando y sobre todo reír, se me olvida contar que un día con Mario llegué hasta a vomitar de la risa sin alcohol de por medio. Superad eso, chavalxs. 
 

Pero como toda relación buena, tuvo un final. No me arrepiento de haber pasado unos años a su lado, al revés. Le debo millones de cosas, sobre todo mi crecimiento personal y mi manera de entender la vida. Aún me acuerdo de la cara que ponía cuando le contaba algún problema "Car aunque sea una pijada si repercute en ti, me importa", o de sus consejos, su manera de imitarme cuando decía alguna payasada... Hace unos meses escribí un tweet que decía algo así "cuando me pasa algo malo pienso en que me diría mi ex y entonces todo se soluciona primero", intuyo que mucho mejor redactado. Pienso en Mario poco tiempo, pero casi todos los días. Nunca había sentido esta sensación y quizá sea la peor, la de perder a tu mejor amigo. Los sentimientos se esfumaron... pero la amistad seguía como al principio. No lo echo de menos, ojalá pudiera. Pero su filosofía la aplico a diario.

Ahora mismo estoy mirando las estrellas en mi terraza, sé que no va a bajar ninguna a saludarme puesto que el cielo está nublado y no se ven. Pero si pasará una de esas fugaces que te dan opción de pedir un deseo diría que volver al 2018, conocer a Mario y frenar la relación para que en 2023 pueda escribirle un mensaje que dijera: ¿por qué el brillo de las estrellas no traspasa la niebla? y conversar durante horas hasta buscar una explicación que nos convenza. 





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