Odio el 13, no se sí lo he mencionado anteriormente en alguna de las entradas previas, pero al final lo de repudiar un número por las leyendas que nos cuentan de pequeños te sesga bastante; hubo una temporada que siempre que miraba la hora y marcaba "13" creía con certeza que algo malo iba a pasar y, efectivamente, pasaba. Luego que me cuenten que somos incapaces de atraer cosas mimimi.... Sin embargo, hoy se casa mi primo Jorge, por lo que me da igual que sea 13, sé que va a ser un gran día. Tengo un buen presentimiento y confió demasiado en él. También es la lluvia de perseidas, hecho qué hace que me encuentre en la terraza de un hotel de Altafulla escribiendo en mi ordenador y desviando mi vista al cielo de vez en cuando para ver si veo una estrella fugaz, tengo muy claro cual va a ser mi deseo.
Pero no he podido agradar la vista con ninguna.....
No estoy inspirada, no se por qué escribo pero la situación me llevaba a ello. Es una semana importante en la vida de mi primo. Se que va a haber mil fotos que inmortalicen el recuero pero sí no se como me sentía una simple fotografía no me va a decir nada.
Con Jorge crecí más menos hasta la adolescencia. En esa edad maldita se fue a vivir a Valladolid y nos distanciamos. No obstante nos unen miles de historias. Puedes tener mil amistades o cien mil primos que al final lo que ata los lazos son las historias que los orbitan. Cuando éramos pequeños pasábamos los veranos en La Zorera, y yo un poco trasto me dedicaba a contarle historias de miedo a sabiendas que a posteriori yo también iba a sufrirlo. La casa de mi abuela es grande y antigua, entonces mi imaginación empezaba a acelerar para hablar de muchísimas historias en torno a donde estábamos. Por el día se llevaban bien, cuando llegaba la noche nos envolvía el miedo y no dormíamos hasta que amanecía por miedo a que se acabara el mundo, saliese un espíritu del desván, la casa estuviera construida encima de un cementerio maya, hubiera arenas movedizas alrededor de la acera donde jugábamos, el perro ladrase por qué veía un fantasma, o la "curuxa" cantara "que va, que va" y al día siguiente no estuviéramos vivos.
Ahora mismo ya entiendo por qué soy ave nocturna. Mis horarios llevan trastocados desde que tenía 7 años.
Pues eso, mi primo el que una vez le convencí de que al día siguiente se acaba el mundo por qué dos pájaros volaban en círculo se casa. El mundo sigue girando y aquellos pájaros igual estaban representando lo que era nuestro futuro. O al menos el de él que es piloto de avión y vuela alto siempre.
5 min más mirando al cielo y me voy a dormir...
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